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No hay edad para aprender

Dejar la infancia y entrar en la adolescencia supone abandonar los juguetes, acompañados de una serie de clichés que se asocian a esta etapa de la vida. El paso de la adolescencia o juventud a una supuesta edad adulta suele situarse en el momento en el que la persona abandona los estudios y comienza a trabajar.

Muchos sostienen que, llegados a este punto, no tiene sentido seguir estudiando. Observan el aprendizaje como un medio para lograr un fin (el empleo) y no como un fin en sí mismo. El conocimiento, sin embargo, ayuda a comprender el mundo que nos rodea, el porqué de los acontecimientos, y eso, precisamente, es lo que nos convierte en hombres y mujeres libres.

Así lo debía de entender el poeta estadounidense Oliver Wendell Holmes, quien, ingresado en un hospital cuando contaba con cerca de noventa años, pasaba su tiempo estudiando gramática griega. Cuando el presidente Roosevelt fue a visitarle, se interesó en preguntarle por qué lo hacía, y Holmes, aún sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, respondió: "para mejorar mi mente, señor presidente".

Ése es el espíritu que echa de menos nuestra sociedad. Y unas gotitas de infancia, como apuntaba ya Pablo Neruda. Porque "el niño que no juega no es un niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta".


Puente de piedra medieval, Zamora

Aprendiendo del error

No sé por qué inexplicable razón solo aprendo de verdad cuando yerro. Mi empatía para con los demás no siempre funciona como debiera, y termino por hacerle daño a quien más quiero, por sacrificarme por aquello que no merece la pena o por odiarme a mí misma.
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A veces es necesario saber decir que no cuando algo no te apetece, cortar por lo sano sin remordimientos, pensar en tí y en tus preferencias en la vida, y nada más. Lo he aprendido más tarde de lo que me hubiera gustado, pero me aporta unas cuantas lecciones que, desde luego, necesitaba.
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La vida es un terreno de juego en el que poner en práctica lo aprendido con el paso de los años y siento que cada día, poquito a poco, voy jugando mejor, aunque en ocasiones cueste sudor y lágrimas.
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Por fin tengo claros mis objetivos, por fin sé qué es lo que quiero, y voy a emplear en ello todas mis fuerzas. Y, cuando llegue, podré mirar atrás y sentirme orgullosa de haber esculpido las piedras que se cruzaron en mi camino. Porque aprendo con el error. Pero aprendo.
.Vista de Oxford desde la Torre Carfax

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"Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a tí mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan"
Paulo Coelho

Nuestro

La vida nunca dejará de sorprendernos. Sus días van cargando sobre nuestras espaldas demasiadas despedidas, lecciones que hubiéramos preferido no aprender pero que son imprescindibles, caminos que terminan, y que comienzan.

Divagamos sobre ello y sobre mil historias más desde mi rincón favorito, que ahora comparto contigo. Va cayendo la tarde, se hace de noche, vemos apagarse el puente y nosotros seguimos ahí.

Enredada en una marea de dudas, propias de mis años, me doy cuenta de que la decisión más importante ya la he tomado.

Ese rincón siempre será el nuestro.
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Sobre el orgullo

A los dieciseis aprendí la inutilidad de una cosa que nos retuerce por dentro y nos maneja a su antojo, alejándonos muchas veces de aquello que perseguimos, mostrándonos -otras- como no somos o reflejando en nosotros comportamientos inmaduros o incluso maleducados.

Esa cosa es el orgullo y yo me prometí olvidarme de él a esa edad, precisamente por esta reflexión. Ello explica muchos de mis comportamientos y algunas de mis acciones que estoy segura que a los demás desconciertan y dejan, desde luego, sin su verdadera explicación.

Y es que lo que no tiene importancia o trascendencia se acaba olvidando, ignorando o apartando.

No gana quien sube más alto la cabeza, sino quien aprende la lección y olvida lo superfluo.
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Portada de Santiago de los Caballeros, templo en que fue armado caballero el Cid Campeador


"Yo no estaba hecho de la fibra de los que perdonan las ofensas, pero siempre acababa por olvidarlas. Y alguno de los que creían que yo le detestaba no llegaba a creerse que yo le saludara con una amplia sonrisa. Entonces, según su naturaleza, admiraba mi grandeza de espíritu o despreciaba mi cobardía sin pensar que los motivos eran más sencillos: me había olvidado hasta de su nombre"
La Caída - Albert Camus

Una vida por instinto

A pesar de que el ser humano sea animal racional, existen ciertos individuos de la especie que se empeñan en volver a los orígenes y moverse básicamente por instinto.

De este modo nos encontramos con especímenes cuya vida se reduce a buscar a un igual que le proteja, cortejarle y, acto seguido, reproducirse.

Qué vida tan cómoda... y tan triste.

Existen dos tipos de personas

Existen dos tipos de personas: las que pasan por la vida destruyendo y las que viven construyendo, educando, ayudando a que el mundo avance. Ambas libran una pugna previsiblemente inacabable, pues los daños originados por las primeras son tan frecuentes y numerosos que no les dejan a las segundas tiempo para nada más que para repararlos en la medida de lo posible, sin oportunidad ni lugar para avanzar.

A ello se añade el hecho de que estropear, además de ser gratuito, es relativamente sencillo y rápido, mientras uqe la reparación requiere tiempo, dinero, y mucho esfuerzo (eso en el mejor de los casos, pues en otros tantos el daño es irreversible).

Buena muestra de ello es el testimonio que leí en un foro sobre animales discapacitados. Una chica daba a conocer la historia de un gatito abandonado, al que un niño había torturado con el pretexto de enseñar a sus amigos "cómo se matan los conejos". La gracia dejó al pobre animal con la columna rota, sin apenas movilidad y con posibles heridas internas.

Esta chica que le socorrió se dejó una importante cantidad de dinero (que seguro que no le sobraba) y tiempo en distintas clínicas veterinarias. Y, todo este esfuerzo, para que el gatito quedara, en el mejor de los casos, tal y como estaba en el momento en que el chaval decidìó empezar a divertirse.

No es justo que para que un cavernícola pase el rato tenga que pagar tanta gente con su dedicación, su tiempo y su dinero ganado a base de trabajo. Que el muchacho estuvo entretenido cinco minutos mientras que la recuperación del animalito llevó meses, mucha atención y mucho dinero.

Por cierto, la chica le hizo saber el caso a la Guardia Civil pero ellos prefirieron dejarlo estar, pues el niño pertenecía a una "familia conflictiva". En fin, sin comentarios...

¿Quién nos protege a los buenos en estos casos? ¿Quién está de nuestro lado?

Durante los siglos de andadura de la humanidad hemos conocido importantes avances técnicos, tecnológicos, nos hemos adaptado al entorno y hemos aprendido a extraer de él todos los recursos y comodidades. Y, sin embargo, existe un anacronismo total y absoluto de piel para adentro de muchas personas.

Parece mentira que en nuestro siglo todavía quede gente que para divertirse necesite darle golpes a un animal, correr delante de un toro desorientado, abrir un bicho en canal, cargarse papeleras, farolas o contenedores.

Que si esta gente dedicara ese mismo tiempo a ayudar a cualquiera que le necesitara o a formarse a sí misma como persona, estoy plenamente convencida de que la balanza del mundo comenzaría lentamente a moverse y los resultados serían totalmente positivos para toda la sociedad.

Pero, hasta que eso ocurra, lamentablemente no me queda otra que constatar que, en el año 2010, un importante porcentaje de la humanidad no ha avanzado más allá de lo que lo hicieron los hombres de las cavernas.
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. Callejuela de Cordes-sur-Ciel, Francia

Conciencia y razón

La conciencia puede mover el mundo. Sólo hace falta hacerle caso. Y, paradójicamente, es ahí dónde reside el mayor de sus problemas. Escuchar sus consejos y llevarlos a la práctica no es fácil. No siempre, desde luego. Por eso en muchas ocasiones hacemos oídos sordos a sus palabras y tomamos en solitario las riendas de nuestro gobierno particular.

A corto plazo todo va bien. Las cosas parecen funcionar mejor que nunca, nos sentimos más independientes, ondeamos de nuestro lado la gloriosa bandera de la libertad. Pero a largo plazo las cosas suelen torcerse. Y cuando quieres darte cuenta comprendes que tienes media vida de recuerdos guardados en un cajón. Es el cajón del olvido, pero lo que hay ahí dentro no se borra nunca.
Justificar a ambos lados
Conciencia y razón van de la mano, al menos en mi caso, y me sentiré satisfecha mientras no se disuelva esa unión. No se trata de un capricho, ni de una falta de reflexión, sino todo lo contrario. Intento ser coherente, responsable y consecuente hasta que mis posibilidades no dan más de sí. Y en asuntos de esta índole no me gana cualquiera.

Cúpula del Radcliffe Brown, Oxford

He ahí

Alguna vez, en medio de una conversación, todos hemos dicho o hemos oído decir “Sin él/ella en mi vida, yo no podría seguir adelante”.
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A los que nos han dejado alguna vez y hemos aprendido a reconstruir el puzzle mejorando y reforzando nuestra propia persona sabemos lo incierta que es y debe ser esta afirmación.
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Me explico. No se puede centrar una vida en los besos y los abrazos; no si te importa mantenerte fiel a ti mismo y seguir creciendo. Una persona no puede convertirse en tu medicina: tu medicina tienes que ser tú mismo.
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Este camino implica un viaje hacia dentro, paseos a solas en vez de siempre de la mano, reencuentros, tardes para ti y para nadie más. A veces habrá lágrimas, a veces saltos de alegría, es lo que tiene...

El recorrido es más difícil y más largo, pero guarda sus recompensas y, a la larga, es el que permanece. No es lo mismo construir un caseto de madera empezando por el tejado que edificar una vivienda de piedra comenzando por unos pilares seguros y fuertes. He ahí la diferencia.


Ruinas del Monasterio de Moreruela, Zamora


"Unos corren a juntarse al prójimo porque se buscan a sí mismos, y otros porque quisieran evadirse de sí mismos. Vuestro mal amor a vuestra propia persona convierte vuestra soledad en una prisión"

Así hablaba Zaratustra - F. Nietzsche

El lobo: ¿cuándo acabará la leyenda y empezará la tolerancia?


Desde tiempos inmemorables el lobo ha sido asociado a la superstición, a la maldad, al peligro. Hablar del lobo es hablar de un enemigo ancestral y permanente pero, ¿hasta qué punto es esto cierto? y lo más importante ¿hasta dónde llega la leyenda?

En el mundo celta el lobo estaba directamente vinculado con el Más Allá. Las hermandades de guerreros se organizaban de manera similar a la manada lobera, haciendo suyas cualidades características de los lobos como la jerarquía, disciplina, aguante, inteligencia, agilidad, coordinación... El lobo era, además, quien conducía al guerrero a la vida de ultratumba, adquiriendo así un carácter místico y digno de respeto.

Más adelante, el lobo toma un papel crucial en la misma fundación de Roma, pues es la loba Capitolina la que salva y amamanta a los gemelos destinados a dar origen a la civilización (recordar el mito de Rómulo y Remo). Una historia similar vivió Habis, el que un día sería rey de Tartessos, y que fue abandonado nada más nacer y criado en los bosques por una loba.
Por su parte, los indios norteamericanos respetan y admiran profundamente la figura del lobo, con el que han convivido en paz durante siglos.

Sin embargo en el Occidente de nuestros días, la pugna entre lobo y hombre parece no tener fecha de caducidad. El origen de las tensiones se remonta a la Edad Media y muy especialmente a la expansión del cristianismo. Con la nueva religión llegaron también las grandes peregrinaciones a los Lugares Santos y muchos de estos peregrinos que atravesaban bosque y campo abierto se toparon en su camino con el lobo. Fue entonces cuando se empezó a ver al lobo como una "criatura de las tinieblas", llegándolo a identificar con el mismísimo demonio que asaltaba a los peregrinos en su camino a la redención. La leyenda negra estaba forjada.

Y desde entonces el lobo no ha encontrado tregua. Su población se reduce por momentos y si de muchos irracionales dependiera, esta ya se habría extinguido hace tiempo.

Hoy día el problema no son las peregrinaciones sino otro tipo de rebaños: los lanares. Los pastores han situado al lobo en la diana y no dudan en acusarle como responsable de la muerte de todas y cada una de sus ovejas desaparecidas. Pero ya está bien de señalar al lobo, pongamos las cosas en su sitio: ¿Qué hacen los ganaderos para proteger a sus ovejas?

Por mucho que se haya insistido en esa faceta sobrenatural y poderosa del lobo, este no puede atravesar paredes ni saltar muros de tres metros ¿Habrán caído en la cuenta los ganaderos? las evidencias me obligan a ponerlo en duda...

Los lobos se mueven por instinto, y si llevan días sin comer y se encuentran todo un rebaño de ovejas cuya única protección es una simple valla de un metro, pues qué queréis que os diga que no os haya dicho ya. Responden como responderíamos cualquiera de nosotros si estuviéramos metidos en su pellejo ¿o acaso alguien lo pone en duda?

La verdadera solución a los ataques del lobo es más simple y eficaz que las prehistóricas batidas y sale más barata que las monótonas quejas al Ministerio. La solución es tan obvia como elevar uno o dos metros la altura del redil, y de esta manera el lobo no podrá saltarlo. Los gastos de este añadido pueden exigirse al Ministerio, que seguro que agradece una propuesta menos troglodítica que la manida "acabemos con el lobo de una vez".

El lobo tiene tanto derecho a habitar estas tierras como nosotros, y tenemos que comprenderlo y aceptarlo porque, le pese a quien le pese, no somos los únicos animales que poblamos la faz de la tierra.


Imagen tomada de: http://blogs.librodearena.com/myfiles/lobo/Lobo73.jpg

Desigualdades

Por todos es sabido que, para lograr ciertas recompensas, en ocasiones es necesario realizar algunos sacrificios. Así es como lo hemos entendido en Zamora, donde a lo largo de los últimos años hemos cedido numerosas plazas de aparcamiento en pos de una ciudad más atractiva, más verde y, por qué no, más turística.

Hemos visto cómo se han reducido los aparcamientos del casco antiguo, de la plaza del Cuartel Viejo, plaza del Maestro Haedo, Seminario, Divina Pastora, alrededores de la Iglesia de Santiago, zona del Colegio Universitario, y un importante etcétera, y no nos ha quedado más remedio que asimilarlo como uno de esos sacrificios necesarios para el bien de la ciudad.

La nota discordante aparece cuando, en los largos paseos de cada día en busca de aparcamiento, uno se da cuenta de que la reducción de plazas de estacionamiento no afecta en absoluto a las zonas reservadas al alto funcionariado, que cuentan con el mismo espacio de siempre e incluso con nuevos reservados.

Dando una vuelta por el centro de Zamora nos encontramos con carteles de “reservado” en la calle de San Miguel, Plaza del Mercado, Riego, Plaza de Santa Ana, Plaza de Viriato…

Si todos pagamos los impuestos, ¿por qué unos ciudadanos gozan, en este sentido, de unos privilegios que otros no tienen? ¿Por qué los funcionarios de Tráfico, por ejemplo, tienen plaza de aparcamiento asegurada y gratuita a la entrada de su oficina y una cajera del supermercado contiguo, por ejemplo, tiene que dar veinte vueltas cada mañana hasta aparcar su vehículo, pagar la O.R.A. y salir cada dos horas a renovar la tarjeta si no quiere que la grúa se lleve su vehículo a la primera de cambio?

Muchas facilidades para parte del funcionariado, sí, pero mientras éstas no sean proporcionales a las del resto de ciudadanos, aquí habrá algo que no funcione.


Estado habitual del aparcamiento en la Plaza San Esteban