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El arte de arrastrarse

Por motivos de trabajo, de estudios o, simplemente, de la vida, todos hemos asistido a escenas de peloteo y trepismo en uno u otro grado. Ejercer estas disciplinas resulta fácil, sencillo, y para toda la familia. Sin embargo, no todo el mundo está capacitado para llevarlas a cabo con la misma precisión y maestría. 

Requieren la flexibilidad suficiente para arrastrarse por el suelo; la resistencia necesaria para soportar un pié -o unos cuantos- sobre el propio cuerpo el tiempo que se estime conveniente; la carencia de personalidad que permita flotar a un lado o a otro, según las circunstancias y siempre bajo el timón de quien está arriba, nunca siguiendo el criterio propio.

Ver a estos individuos en acción da ganas de reirse -de hecho, yo no puedo evitarlo- pero por triste que parezca, con ellos también se cumple el refrán "Quien ríe el último, ríe mejor". Al menos en materia laboral y de prestigio, ellos siempre llegarán más lejos. Hay ciertos puestos a los que sólo se accede agachándose o arrastrándose.


Pensamientos de un dos de mayo

Han pasado casi dos siglos desde que Goya retratara con maestría el horror de la guerra, en dos lienzos cuyos temas centrales conmemoramos hoy y mañana: el levantamiento de los españoles contra los mamelucos aquel 2 de mayo de 1808, y la contundente respuesta de las tropas francesas a esta insurrección, que se saldó con cientos de madrileños fusilados.

Si hasta ese momento la guerra había sido reflejada en el arte como sinónimo de belleza y heroicidad, Goya será el primero en plasmarla con toda su crudeza, sin remilgos ni artificios.

Su enfermedad llenó su paleta de tonos oscuros y le condujo a recluirse en la Quinta del Sordo, donde produjo escenas cargadas de dramatismo y tenebrosidad, como "Aquelarre", "La romería de San Isidro", "Saturno devorando a su hijo" o "Duelo a garrotazos"; alegorías de la España de su tiempo, pintadas con esa pincelada suelta que más tarde imitarían los primeros impresionistas. 

[Aunque no tenga nada que ver, no puedo evitar añadir que "Saturno devorando a su hijo" era mi cuadro favorito de pequeña. Lo descubrí ojeando uno de los libros de Arte de mi madre, con los que me entretenía pasando hoja por hoja, imaginando qué querría contar cada una de las imágenes. Aunque entonces no tenía conciencia del episodio que narraba, esta escena me llamaba tremendamente la atención y se quedó grabada en mi mente para siempre. Quizás sea el origen de mi posterior devoción por la mitología, que daba respuesta a muchos de aquellos interrogantes que se me planteaban al observar esta y otras escenas. Bueno, y después de este tostón, prosigo...]

Pero no solo eso. Goya también fue un adelantado a su tiempo con sus colecciones de grabados.  

"Los caprichos" son una crítica jocosa y afilada de la sociedad de finales del siglo XVIII, todo un antecedente de las viñetas que encontramos, hoy en día, en los diarios nacionales. No en vano iban acompañadas de una leyenda o sentencia, que facilitaba la comprensión del gran público.

Si el que ha sido considerado como el primer pintor moderno viviese ahora... ¿quiénes serían los protagonistas de sus grabados? Puede que no sea tan difícil de imaginar, teniendo en cuenta la situación en la que estamos inmersos, dominada por la posición privilegiada de unos pocos. Si él ponía en el disparador a la nobleza y al clero -especialmente al responsable de la Inquisición-, quizás ahora les sustituyan políticos corruptos y ladrones de traje y corbata, que son quienes han dejado a España como está.

Por otra parte -y hablando de corrupción...-, sigue en el trono la misma dinastía a la que, en su día, tanto criticó (no sin falta de razón). 


Después de ver esta imagen de uno de sus grabados sólo queda decir que, definitivamente e incluso sin quererlo, Goya fue todo un visionario.

Primavera que no llega


Vencimos al invierno, pero no llega la primavera.

"Arco iris en un paisaje de montañas", de Friedrich

Líah

Hoy quiero dedicar este espacio a alguien muy importante en mi vida. Su nombre es Líah y desde que la conozco siempre ha estado ahí, la primera, en lo bueno y en lo malo. Ella no pregunta, pero su sentido de amiga sabe decirle cuándo necesito, más que nunca, esa compañía. Y entonces aparece, y se acurruca a mi lado para recordarme, en nombre de todos los que me quieren, que no estoy sola.


Es independiente y despegada, no le gustan los achuchones ni la efusividad, pero cuando me pongo enferma no se despega de mi cama más que para comer y visitar su cajón de arena. Se hace una bolita a mis pies y me cuida como la mejor enfermera gatuna que sólo ella sabe ser.

Si algún día lloro, aunque sea bajito, me escucha desde cualquier rincón de la casa y entra en mi cuarto con paso ligero, salta a mi lado y me lame con cariño.


La quiero de esa forma especial con la que se quiere a la gente grande -que es poca-. No me imagino mi día a día sin ella, sin su reconfortante compañía, sin sus juegos y su humor (porque lo tiene...).

No dejaré de agradecer a Dios y al destino el haberla puesto en mi camino aquella noche de septiembre, en la que supe que le daría todo, sin saber nada de ella.

Los mejores amigos llegan a tu vida cuando menos te lo esperas.



La desesperación fabrica valientes


Hay miedos que se acurrucan
entre uno y otro escalón
de la escalera que sube
de tus sueños hacia el sol
y te acechan y no dejan
que tú elijas tu lugar


Y yo, de esta, SALGO.

Persépolis

He terminado de leer Persépolis. Os lo recomiendo.

Un cómic que plasma el día a día en el Irán que nació tras la Revolución Blanca, visto desde la inocente pero incisiva mirada de una niña que va creciendo con nosotros a medida que pasamos las páginas.

Realista pero entrañable, espontánea a la vez que profunda. Así es la historia narrada por Marjane Satrapi, que nos acerca a la realidad diaria de esas miles de personas que viven bajo el yugo del islamismo más radical.

Una obra que todo el mundo debería leer para entender muchas cosas...

Sobre las mujeres

No me gusta el feminismo que se está propagando en nuestro país en los últimos años -ese que tiene resultados como la Ley de Paridad, o ciertos puntos de la Ley de violencia de género que favorecen exclusivamente a la mujer-. Lo entiendo como un modelo más de discriminación. Sobra decir lo que opino del machismo: arcaico y obsoleto, escudo de incompetentes y de cobardes. Pero existen otras formas de discriminación más sutiles y, no por ello, menos crueles.

He observado que las mujeres que llegan a una cierta edad con pareja y sin descendencia -sea por el motivo que sea-, son vistas de una forma extrañamente inferior por algunas de sus compañeras de género. Y no puedo mostrarme más en desacuerdo con esta postura.

Si existe una cualidad que compartamos con absolutamente todos los seres vivos del planeta, esa es la capacidad de reproducirnos. Por ello, recomendaría a quienes siguen este criterio de valoración -de manera consciente o no-, que se dejen de irracionalidades y que empiecen a valorar más aquellos aspectos de la mujer que pueden hacerla verdaderamente diferente e irrepetible. Me refiero a sus ideas, a su personalidad, a sus logros académicos o profesionales, a su capacidad de hacerse a sí misma.

Porque la mujer no ha nacido para ser madre; ha nacido para ser PERSONA.

Por la libertad

"Por la libertad, como por el honor, se puede y se debe aventurar la vida"

- Don Miguel de Cervantes -

Orgullo y fracaso

- A veces desearía poder dormir hasta los dieciocho años, saltarme toda esta mierda, el instituto y todo lo demás, saltármelo todo.
- ¿Sabes quién es Marcel Proust?
- Es ese del que enseñas.
- Sí, un escritor francés, un auténtico fracasado. Nunca tuvo un trabajo, sus amores fueron un desastre, gay, estuvo veinte años escribiendo un libro que ya casi nadie lee, pero quizás sea el mejor escritor desde Shakespeare. En fin, él llegó al final de su vida, echó la vista atrás y decidió que todos esos años en los que sufrió fueron los mejores de su vida porque le moldearon. ¿Los años de felicidad? perdidos, no aprendió nada. Así que, si durmieras hasta los dieciocho... ¡ah! ¡qué cantidad de sufrimiento te ibas a perder! ¿El instituto? son tus peores años de sufrimiento, en tu vida sufrirás tanto.

- Pequeña Miss Sunshine -


En un principio no estaba muy por la labor de ver esta película, pero agradezco haberlo hecho porque además de contar con diálogos tan fantásticos como el de arriba, reconozco que no pude dejar de reirme. Siempre está bien recordar que los momentos difíciles son necesarios, que el fracaso no siempre es objetivo, que lo que importa es sentirse orgulloso de uno mismo, más allá de que te hagan sentir orgulloso los demás.

Si no la habéis visto, os la recomiendo para una agradable tarde de domingo, con gominolas y una taza de té. Bueno, esto último ya depende del gusto de cada uno :)