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Hogar, dulce hogar

 

Cuando llegamos hace un mes a la nueva casa, no tardé en darle vueltas a las posibilidades que ofrecía a la hora de decorar. Me gusta mucho el estilo nórdico, las paredes en color blanco roto, los suelos rústicos de madera, la sencillez... Pero, cuando alquilas, tienes que amoldarte a lo que hay. Y más aún si el presupuesto es ajustado y no sabes cuánto tiempo estarás. Así que decidí echarle imaginación :)

No quería gastar mucho dinero ni comprar cosas nuevas -no muchas... jeje, porque demasiadas tengo ya-. Me hice una idea en la cabeza de lo que buscaba, hice acopio de varios objetos viejos de mi casa de Zamora que me podían valer, le robé un bote pintura medio gastado a mi madre y me puse manos a la obra.

Pero lo primero, como no, fue imprimir y recortar una guirnalda. Quiénes me conocéis, conocéis también mi querencia por las guirnaldas... jeje. En este caso, imprimí el mismo modelo que decoró nuestro ático de Valladolid el año pasado (bueno, lo decoró hasta que Dante llegó a nuestras vidas y decidió llenarla de mordiscos y tirarla al suelo día sí, día también... jaja).

Aproveché el viaje a la copistería para imprimir también una lámina de t-rex muy chula que encontré en Pinterest. Su destino fue este marco que véis abajo, al que he dado una nueva vida con una lija y pintura azúl pastel.




Lo mismo hice con estas macetas viejas, que mi madre estaba a punto de tirar. Con la pintura azul y una cinta de fabric tape de Líah Miau -en una-, y con la pintura y unos topitos blancos -en otra-, logré un antes y un después interesante... jeje.

← He aquí la pintura milagrosa, una plástica de Titanlux de toda la vida :)

 


 

Por último, para el rincón en el que tengo instalado mi despacho, invertí 5 euros (en total) en estos marcos de la tienda Casa. Imprimí unas láminas que me gustan y... ¡espacio resuelto! :) Me hubiera gustado añadir más marcos de tamaños y estilos diferentes, para conseguir una composición como ésta, pero me quedo con la idea para la próxima casa.

 

 


 


Por menos de 10 euros se le puede dar un aire nuevo y personal a una casa de alquiler que no deja de ser un hogar de paso. O puede que no. Quién sabe... :)

Nubes de septiembre en Salamanca

Aunque el calendario marque el inicio del año en enero, para mí el punto de inflexión -si es que existe uno- siempre ha estado en septiembre. 

En este mes empezaba el curso en el colegio y, tiempo después, me preparaba para la universidad; en septiembre terminaban mis veranos en el pueblo y regresaba a Zamora o a Salamanca, con un montón de ilusiones en la cabeza.
Si el año pasado lo viví en Valladolid, este septiembre vuelvo a estar en Salamanca, como aquel de 2004 en el que me estrenaba en la universidad. Y vuelvo a llenarme de ilusiones.


 




Estas son algunas de las fotos que hice con el móvil cuando salí ayer por la tarde a caminar. Empieza a oler a otoño, y a Salamanca le sienta tan bien... :)

Días en el campo

He regresado unos días a la casa del pueblo para cuidar a Líah, que la vamos a llevar a esterilizar esta semana y tiene que coger unos gramillos para ir fuerte a la operación. No era mi intención -antes de saber lo de Líah- estar estos días por aquí, pero hay ciertas cosas que llegan sin planificar y que no podemos evitar y, en esos casos, lo mejor que podemos hacer es intentar disfrutarlas en la medida de lo posible.

Así que aquí me hallo, pasando tiempo con esta croquetita gatuna, durmiendo poco y haciendo muchas cosas; entre ellas, cebar a Líah con vitaminas y reconstituyentes, y con la mejor variedad de delicias mininas que encontré en Carrefour. Pero también he tenido tiempo para preparar un nuevo artículo para Bugui, escribir una entrada para mi blog de marketing, hacer algo de deporte, ver vídeos de Vaughan y leer. Todo ello -bueno, menos el deporte- con ella a mi lado, hecha una rosquita sobre la cama. Es difícil, por no decir imposible, poder quererla más.

Por favor, que todo salga bien...

 

 

  

 

Balboa, otra época y otros paisajes

Este fin de semana hemos estado en Balboa, una pequeña localidad al oeste de El Bierzo, casi rozando la frontera con Galicia. Había oído hablar de sus pallozas, pero no me esperaba encontrar aquella naturaleza tan acogedora, tan integrada en el pueblo que daban ganas de quedarse a vivir ahí. 

El verde intenso de la vegetación y la decoración de algunas de las casas me recordaban a los paisajes que vimos en nuestro viaje a Canterbury y, por algunos momentos, dejé de sentirme cerca de casa y me dejé volar.

Supongo que cuando llegue el invierno, con sus nieves, la naturaleza dejará de ser acogedora y se convertirá en algo menos que implacable. Pero eso ahora poco importa. A cada momento, lo que le corresponde.


 


 


 


Amores minúsculos

'Amores minúsculos' es uno de esos libros que se leen de un tirón porque resulta imposible dejarlos a medias. Como indica su título y avanza su contraportada, se trata de un homenaje a esos amores pequeños y fugaces que han pasado por nuestra vida y solo han dejado su huella en un rincón remoto de nuestro recuerdo.
 

El cómic, de Alfonso Casas, dibuja el principio de tres historias de amor muy diferentes entre sí, conectadas entre ellas en el espacio y tiempo por la amistad que une a los tres protagonistas. De fondo, un canto al 'carpe diem' en lo que a amor se refiere, porque, aunque un día terminen, estas historias diminutas e insignificantes pueden ser tan mágicas que vale la pena saborearlas intensamente sin tener presente que un día, más pronto que tarde, se esfumarán. 

Y así es cómo lo viven, de una manera o de otra, los protagonistas de este relato, jóvenes independientes que un día cualquiera, y sin preverlo en absoluto, se sienten tremendamente atraídos por unas personas que no conocen de nada pero que parecen estar decididas a no salir de su cabeza.

Ése es el comienzo de esta historia... y de muchas. Solo el tiempo les dirá (nos dirá) cuáles merece la pena escribir y cuáles pasarán a mejor vida en los bocetos de la memoria.





 * Portada, contraportada y viñeta de 'Amores minúsculos', un cómic de Alfonso Casas publicado por Edicions de Ponent.
 
**Por si a alguien le interesa, yo saqué el libro de la Biblioteca Pública de Zamora, que últimamente me sorprende con cómics que cada vez me van gustando más.

Un barrio convertido en museo

Desde el pasado verano el barrio salmantino del Oeste luce como un auténtico museo al aire libre. Varios estudiantes de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, en colaboración con la asociación de vecinos ZOES, se pusieron manos a la obra para llenar de arte fachadas grises y puertas de garajes.

El resultado salta a la vista: el barrio se ha convertido en un nuevo reclamo turístico y los vecinos están encantados con el color y la vida que le han dado al barrio. 

Recorrer sus calles es, ahora, una gozada.



 



 









 




 


 

 

 

 
 

 




 


 

 

  

 



*Fotografías realizadas durante los meses de enero y febrero de 2014.